Por -Mayo- (Admin Mexicano)

   La falta de un partido vanguardista y con el liderazgo suficiente para unir a todos los marxistas-leninistas del país en uno solo ha provocado que a pesar de ser una fuerza considerable (de entre el 3-4% y que podría incrementarse con mayor difusión y un proyecto serio), la representatividad de los comunistas en el país durante las negociaciones y toma de decisiones es prácticamente nula.

  En el mundo hay un sinfín de bromas que asignan una relación (en cuanto a cantidades) de parentesco, igualdad o desigualdades absurdas entre personas y objetos, personas y elementos de la naturaleza (a modo de hipérbole) tal como:

  • En Islandia hay más montañas que personas.
  • En México por cada hombre hay una mujer y un Oxxo.
  • Hay mas nalgas que estrellas (debatible)

   Entre otras bromas que pueden ser graciosas o caer en la categoría de chistes de “chavorrucos” según sea el contexto en el que se nombren, pero vamos a ver un caso que cae en lo triste y es que en México se dice “cada vez que nace un comunista, nace un nuevo partido”, dicho así suena hasta bonito, pero claramente ¡No lo es! Al menos desde los 90’s no ha existido ningún partido que haya tomado al menos cierto nivel de relevancia y ojo; no hablo de un partido que conforme una fuerza temible y que ponga en serios aprietos a la burguesía. Sino de un partido que tenga al menos la posibilidad de negociar ciertas propuestas con gobiernos locales, sindicatos, etc.

En vez de lo anterior se tienen al menos una docena de partidos en cada estado, cada uno de estos partidos hace su chamba dentro de la democracia de darle cierto grado de representatividad a otros colectivos que se consideran afines al Marxismo-Leninismo y establecen círculos de estudio, de vez en cuando varios partidos de estos se unen para convertir 3 partidos de 50 personas en 1 solo de 120 (los 30 que faltan no estuvieron de acuerdo con los lineamientos) solo para terminar disolviéndose al poco tiempo por contradicciones internas y así sucesivamente.

Estos pequeños partidos sirven para mantener viva la chispa, lamentablemente los números no dan para más, al final varios simpatizantes de esta ideología al no ver ninguna posibilidad de avance terminan militando en colectivos progresistas, deciden una carrera en el sindicalismo o militar en un partido socialdemócrata.

Intentos recientes de hacer algo grande han existido, no obstante, rara vez estos han abierto una posibilidad de concretar algo. La misión de lograr grandes cosas recae sobre los partidos grandes, dado que tienen más tiempo existiendo, tienen una militancia más sólida y más numerosa deben tomar la responsabilidad de ir incorporando a los partidos pequeños (que ya hacen una grandiosa labor manteniéndose a pie) hasta conformar algo considerable, sin embargo rara vez vemos a los peces grandes proponiendo unidad y estas interesantes propuestas suelen venir de partidos pequeños o medianos y que finalmente terminan siendo rechazados tanto entre ellos mismos como por lo grandes (que no son más de 3 en todo el país).

Será difícil establecer una unión entre todos los marxistas-leninistas del país y siempre serán por contradicciones bastante lejanas a caer en el grado de “contradicción principal” y vienen desde que algunos admiran a Stalin y otros no, algunos son Fidelistas y otros (por suerte solo unos pocos) aborrecen a Fidel Castro, otros se contaminaron de las enseñanzas de Trotsky y sus amantes hippies durante su paso por México y proponen simplemente no hacer nada, hasta caemos en las contradicciones más absurdas tal como unos admiran al buen Lombardo y otros se sienten más identificados con las enseñanzas del gran Lucio Cabañas y terminamos en lo ridículamente sublime con ciertos grupos que deciden ver en el zapatismo o peor aún en las luchas posmodernas como eje principal de lucha.

Podremos seguir culpando por nuestras divisiones a Fidel, a Lenin, a Stalin , a Trotsky, a Siqueiros por tener mala puntería frente al anterior susodicho y hasta a los viejos comunistas que mucho esfuerzo hicieron al estar al frente de los partidos a pesar de nunca recibir ningún cargo o recompensa por su incansable lucha (a pesar de su dogmatismo), pero al final recae sobre nosotros, las nuevas generaciones la oportunidad de cerrar estas brechas que nos separan y poder así darle una representatividad a todos los comunistas del país.

 

 

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