La dignidad no se vende: Respuesta a «Spanish Revolution» y la Campaña Mediática contra Nicaragia.

    A los compañeros y compañeras de las organizaciones comunistas españolas que tengo en Facebook, hago la siguiente aclaración sobre lo que está reproduciendo Spanish Revolution, ya que considero que hay momentos en los que la tibieza deja de ser prudencia política y comienza a parecerse demasiado a complicidad política- ideológica con el enemigo imperialista.
   Esto lo expreso como nicaragüense y sandinista, es muy lamentable que algunos medios que dicen ser de izquierda revolucionaria han terminado reproduciendo sobre Nicaragua exactamente el mismo relato que durante años han construido los grandes aparatos mediáticos y políticos del imperialismo contra la Revolución Sandinista.
    Ahora resulta que para hablar de Nicaragua hay que repetir el guion elaborado desde fuera, aceptar sin discusión las cifras que presentan, las categorías y las explicaciones de quienes llevan décadas intentando destruir al sandinismo, y además hacerlo desde una supuesta “izquierda crítica” que casualmente termina coincidiendo con el discurso de Washington, de las viejas oligarquías nicaragüenses y de buena parte de los sectores empresariales enfrentados al Gobierno sandinista.
   En 2018 Nicaragua no vivió simplemente unas protestas espontáneas e inocentes frente al Gobierno Sandinista. El país entró en una espiral de violencia política que dejó víctimas en todos los sectores y que el sandinismo vivió también desde el otro lado de las barricadas, cuando varios compañeros fueron asesinados, secuestrados, golpeados, torturados, familias enteras fueron perseguidas, sus casas fueron marcadas y se les gritaban de todo tipo de vascocidades, hasta llegar a intentos de quemarlas, las instituciones fueron atacadas, saqueadas y quemadas y militantes obligados a esconderse por el simple hecho de ser sandinistas, uno de los recuerdos más sadicos que tengo es ver el vídeo de cuando quemaron a un compañero sandinista con la bandera del FSLN.
   Todo esto también ocurrió, y durante demasiado tiempo hubo organismos internacionales, medios extranjeros y supuestos “defensores de los derechos humanos” que trataron esas víctimas como si fueran vidas de segunda categoría.
  Cuando mataban a un sandinista, había un silencio sepulcral. Cuando se atacaban casas de militantes, se perseguía a trabajadores públicos o se levantaban tranques donde se identificaba y castigaba a personas por su filiación política, había silencio.
   Pero cuando la víctima podía ser utilizada para construir el relato contra el Gobierno, entonces aparecían inmediatamente titulares, campañas internacionales y una maquinaria comunicacional perfectamente coordinada. Eso también merece ser denunciado y lo hemos hecho constantemente.
   No vamos a aceptar que nos obliguen a escoger entre defender al sandinismo y defender los «derechos humanos» de quienes pretenden arrebatarnos nuestras conquistas sociales instaurando Gobiernos de derecha.
   El imperialismo Yankee no nos va a arrebatar nuestras conquistas, ni lo van a hacer organizaciones financiadas desde el extranjero.
   Para quienes tengan verdadero interés en conocer esa otra parte de la historia, recomiendo leer “El monopolio de la muerte o cómo inflar una lista de muertos contra un gobierno”.
 Ahora bien que se investiguen las cifras no significa negar muertos. Significa preguntarse quién murió, cómo murió, quién lo mató, en qué circunstancias y por qué determinadas muertes fueron incorporadas a determinadas listas mientras otras fueron convenientemente ignoradas.
  Eso debería ser elemental para cualquier persona que se considere comprometido con estudiar nuestros procesos.
  Se sabe muy bien que las clases dominantes nicaragüenses tenían intereses concretos. Las viejas oligarquías tenían intereses concretos. El gran empresariado tenía intereses concretos. Los medios de comunicación vinculados a determinadas familias tenían intereses concretos. Estados Unidos tenía intereses concretos. Y todos ellos actuaron dentro de un determinado contexto político de manera coordinada.
    No sé puede seguir pretendiendo analizar 2018 hasta la actualidad como si Nicaragua fuera un país aislado de la lucha de clases, de la geopolítica latinoamericana y de décadas de intervención estadounidense es simplemente despolitizar la historia.
 Por: Andrea Pérez Espinoza – Internacionalista y Abogada
+ posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *